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PINTOWEB - REVISTA MUNICIPAL - NUM. 108, JULIO 2006  JULIO 2006. Número 108


Una torre con historia

Restauraciones y peripecias del monumento

La torre, de 16,50 metros de largo por diez metros de ancho, se construyó a mediados del siglo XIV en una llamativa piedra blanca y se eleva unos 30 metros en la llanura pinteña. Sus esquinas son redondeadas, probablemente, para dar una mayor consistencia a la fortificación.
Comenzó a construirse en 1359-1360, cuando el rey de Castilla, Pedro I el Cruel, cedió el señorío de Pinto a Íñigo López de Orozco. En 1382 la torre o castillo de Pinto estaba ya construido, ya que aquel año visitó el Señorío, propiedad entonces de Juana de Orozco, hija de Íñigo López de Orozco, el rey Juan I. La torre debió tener al menos un recinto amurallado, así como dependencias para albergar un séquito real. A lo largo de su dilatada historia, el edificio ha sido restaurado en varias ocasiones.
La cara este del torreón tiene dos escudos que pertenecieron a los Toledo; uno de ellos pintado y el otro, debajo del anterior, labrado en piedra y ya tan deteriorado que apenas se distingue. Además, se ve también una ventana tapiada más arriba de la media altura.
La ventana con su reja y el antepecho agujereado son originales. La bóveda de cañón del piso alto es de ladrillo y claramente de finales del siglo XV.
La torre debió estar coronada en su día por un matacán con arquería ciega con ocho garitas o escaragüaitas cuyos soportes serían las ménsulas, todavía existentes.
A su interior se accedía por la puerta que aún subsiste en su cara norte, situada a la altura de la primera planta, desde la que arranca una escalera labrada en piedra a cuyo término se encuentra la gran sala con chimenea que serviría para las recepciones, comedor, estancia, etc.
La puerta elevada da a la construcción un carácter más defensivo-militar que señorial; el acceso a la misma sería a través de un puente elevadizo.
Las plantas primera, segunda y sótano, todas ellas cerradas por bóveda de cañón, están unidas por una escalera de caracol incrustada en el muro sur.
Dadas las características de la construcción, puede que hayan desaparecido algunas de sus características originales: recinto amurallado, foso, etc.

ILUSTRES INQUILINOS

Durante los siglos XVI y XVII la Torre fue utilizada como prisión de notables, lo que unió su destino para siempre al de los personajes allí recluidos.

La Princesa de Éboli: el 28 de julio de 1579, Felipe II mandó detener a la princesa de Éboli, Ana de Mendoza y de la Cerda, que fue escoltada esa misma noche a Pinto, en cuya torre sufrió, durante seis meses, durísima cárcel, por sus intrigas cortesanas y su complicidad con Antonio Pérez. El estado de salud de la princesa y las malas condiciones de su prisión aconsejaron su traslado, por lo que fue llevada al castillo de Santorcaz y, posteriormente, a su palacio de Pastrana, donde murió el 12 de febrero de 1592, a los 52 años de edad.

Antonio Pérez: en 1589, el secretario de Felipe II fue durante dos meses el obligado inquilino de la Torre, acusado de violación de secretos de Estado a los rebeldes de Flandes y a Isabel de Inglaterra y de enfrentar a Felipe II con su hermano Juan de Austria. En el trasfondo del proceso contra Antonio Pérez estaba, sin embargo, el asesinato de Juan de Escobedo, secretario de Don Juan, planeado por Antonio Pérez. Cuando Pérez huyó a Aragón, en abril de 1590, buscando protección bajo sus fueros, Felipe II mandó encarcelar a su mujer, Juana de Coello, y a sus hijos en la torre hasta la muerte del rey en 1598.


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